Mediante el esfuerzo combinado una montaña se transforma en piedras preciosas; la unión de corazones cambia el barro en oro

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Distancia

Siento tu mirada tierna, tus manos tocando las mías, aquel cabello alegre. Siento que ríes dentro de mí. Es sólo una sensación de tenerte cerca como si siempre hubieras estado. ¿qué dulce voz recorre mi recuerdo? Esa bella faz delicada que alumbra mi soñar; esos ojos, lagunas de luna; esos labios nacientes como la aurora; esa dicha inmensa y ese dolor de ahora. ¡Qué hermoso y tan terrible es recordar tu imagen!

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Bienaventurado

Miró el Señor el campo de mi padre y exclamó: "Hay mucho fruto para cosechar, pero falta para que esté maduro". Y lo sometió a prueba. Mi padre perdió lo que más atesoraba: su memoria, su cultura, su autonomía…y se hizo pobre a los ojos de Dios. Mi padre lloró en el dolor de su enfermedad…y recibió el consuelo de nuestras lágrimas. Al final el Señor miró de nuevo y dijo: ¡Está bien! Ya basta, el fruto está maduro. Cortó, recogió la cosecha, separó la paja de las semillas, llenó un gran saco con ellas. Me acerqué y saqué tres granos hermosos, mis predilectos: alegría, generosidad y servicio. El servicio fue su impronta, lo heredó de sus padres, lo vivió en los trabajos que ejerció, que eran principalmente para el bienestar de los demás. La generosidad se daba a manos llenas, en su interés de encontrar el vínculo entre los que hallaba en su camino, pues entregaba con interés su tiempo para escuchar y comprender. Y su alegría…creo que el ingrediente principal fue su inigualable capacidad de asombro, porque hasta lo más pequeño e insignificante era para él motivo de entusiasmo y alegría. Desde su sendero nos miró con sus celestes ojos, nos regaló una amplia sonrisa y caminó cantando hacia el horizonte. Bienaventurado que eres, padre mío, nos veremos al atardecer.

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Instante Final

Si una sola cosa pudiera yo hacer ¿cuál de todas podría ser? Contemplar en silencio el ocaso mirando al amor de mi vida recortando su silueta el horizonte. Correr y dar un salto en el aire queriendo atrapar ese instante con un grito de gozo y un brazo hacia lo alto. Acariciar a mis padres y decirles que les amo mientras yacen junto a mí. Acercarme al rostro de mi hijo estrechándolo fuerte, mientras le canto un poema antiguo de ronda infantil. Juntar mis manos a la de mis amigos y renovar el rito de las almas que se comparten. Una flor, una risa, un helado quizás. Una lágrima, una brisa, un suspiro no más. Tantos finales de película y tantos recuerdos hermosos cabalgan por mi mente sugiriéndome el instante feliz. Mas pienso que lo cierto es que cerraría los ojos y diría: "Padre Nuestro que estás en los Cielos...", y luego vendría el 'The End' o un cierre de telón. Me contento con que Dios aplauda al final.

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Abandono confiado

El que ama a Dios se abandona en sus manos, se hace pobre voluntariamente, en el sentido de que no se ata a nada material, se hace 'esclavo' de los designios divinos, atento al propósito que Dios tiene para nosotros

"Un Laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres" (Borges)


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