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Hola Mundo
Este es el primer articulo
Soñar con Dios (III)
Estaba dentro del patio de un establecimiento educativo conversando con algunas personas.
De repente sentí la urgencia de alzarme para demostrar le existencia de Dios. Me alzaba casi un metro sobre los aires.
Volvía a descender, pero pensaba que la demostración debía ser más grande, como nunca. Entonces me alcé rápidamente, dejando atrás, en un punto, la tierra, el sistema solar, la vía láctea, el cúmulo de galaxias; el universo entero se redujo a un minúsculo punto y subía hacia un espacio blanco, que era inmenso, y que supuse que era el pensamiento de Dios.
Lo más curioso es que empecé a ver como un tejido en ese espacio blanco y surgió en mi mente el concepto de la 'malla primordial', en la que se sustenta todo lo creado, y que este tejido estaba elaborado por las manos divinas.
Acto seguido volvía a la tierra, desde donde se había generado el 'salto', y las personas que eran incrédulas me manifestaron su nueva creencia en Dios. Lo más curioso de todo es que no me reconocían y que estaban reunidos en torno a un suculento banquete.
La Humildad como celadora de las otras virtudes
Una característica poco conocida de las virtudes es que mientras más grande sea cualquiera de ellas menos se debe notar al sentido de los hombres.
"Lo esencial es invisible a los ojos", como se dice en el Principito, tiene que ver con esto.
Doy un ejemplo. ¿Cómo me doy cuenta de que alguien me ama? Por sus besos, por sus caricias, por sus atenciones, por su dedicación. Pero la efusión del amor, si bien utiliza manifestaciones que pueden ser 'sentidas' por el amado, tiene mucha más actividad en forma invisible y difícil de cuantificar. Es por eso que si bien decimos que Dios nos ama no tenemos cómo medirlo por nuestros sentidos y, apenitas, por nuestra razón y entendimiento. La virtud en su máxima expresión es tan enorme que ya no se puede ver, supera los límites de nuestra visión.
Pero mientras va creciendo se puede notar su crecimiento, y el reconocerla por parte nuestra y de los demás conlleva un dato peligroso en sí misma, pues una virtud se malogra cuando uno se vanagloria de los logros, pues nuestro único mérito está en hacer lo que nos corresponde ser y hacer, estamos diseñados para ser el copón más fino y proveer a los demás del líquido más fino. Lamentablemente siempre estamos por debajo de las expectativas divinas, porque no somos dóciles, porque nos 'creemos' mejor que los demás.
Aquí es donde aparece la virtud de la humildad, que se encarga de bajarnos los humos, de ocultar nuestro crecimiento espiritual a los demás, para que todas las otras virtudes sigan creciendo sin que nadie, ni nosotros nos demos cuenta. La humildad es como una tremenda lupa que nos muestra nuestras imperfecciones y, curiosamente, nos hace perder la visión de lo hermoso que se va convirtiendo nuestro vaso espiritual.
Un gran santo está lleno de humildad, sus virtudes se notan, pero no somos capaces de ver cuán profundas, insondables son, hasta que nosotros veamos a Dios y lo comprobemos. La humildad nos dice claramente que somos 'nada', que Dios es 'TODO', que nuestra miseria desaparece ante tanto don de Dios y que declaramos diciendo: No somos dignos.